Sin una adecuada educación no habrá desarrollo económico en nuestra región

 

Sistemas de Gestión de Aprendizaje, como Moodle, Canvas y Google Classroom, han permitido organizar cursos y facilitar aprendizajes en línea empleando sistemas computacionales y teléfonos móviles.  Herramientas complementarias o de comunicación como Microsoft Teams y Forms, facilitan, además, la interacción múltiple en tiempo real.  Existen numerosos espacios educativos que favorecen la circulación internacional de programas de formación no-presencial y mejores relaciones entre las comunidades científicas de todo el mundo.  El empleo adecuado de esas tecnologías, sin lugar a duda, es muy positivo.  La pandemia de la Covid-19 demostró su utilidad permitiendo que el distanciamiento sólo fuera físico y no social, y se pudo continuar con la formación del estudiantado en la mayoría de los países.

Pero, gracias a esa evolución tecnológica, conocimientos científicos presentes en el nuevo paradigma social ya no están en la boca del docente, del experto en el tema, sino que se hallan presentados y representados de múltiples formas en Internet, y son susceptibles de acceso fácil y prácticamente autónomo.  Sin embargo, el docente no deja de ser el transmisor del conocimiento, puesto que, por un lado, el docente de hoy es el profesional encargado de enseñar a aprender la Ciencia, de enseñar a gestionar el conocimiento de una forma significativa, con sentido personal para el estudiante, de crear auténticos escenarios de enseñanza-aprendizaje, y, por otro, es el encargado de imprimir a los contenidos que enseña el carácter ético que hará que el estudiante no sólo sea un experto profesional sino un buen ciudadano.

Para nuestro buen amigo Julio César César Valdés, «la adaptación climática requiere tanto acción pública como privada, la resiliencia futura dependerá de cómo individuos, hogares y empresas utilicen su capacidad de innovación, apoyados por políticas coherentes» y, aunque estamos de acuerdo con él, consideramos que falta algo imprescindible, y es la formación de nuestros jóvenes.  Después de la Segunda Guerra Mundial, la llamada modernidad en los países occidentales ha tratado de unificar criterios e igualar métodos de aprendizaje con el objetivo de reducir la brecha de conocimiento y tecnología que existe entre los países más desarrollados y los que aún no han logrado un desarrollo significativo.  

Para nuestro subcontinente iberoamericano, que a pesar de su diversidad cultural comparte historias y tradiciones, intentar adaptar nuestros métodos de enseñanza a los desarrollados en los países del hemisferio norte podría considerarse una imposición hegemónica o una neo colonización, como han declarado varios autores.  Nuestra región necesita métodos propios que ayuden a educar a las actuales y nuevas generaciones en principios de solidaridad, inclusión, comprensión fraterna y respeto entre todos.

Es urgente saber enseñar educando, e incidir en la formación de aprendizajes constructivos para que el sujeto educable contribuya a la construcción de mundos mejores, al respeto por el entorno y a la reducción de la degradación ambiental y de la confrontación entre hermanos.    En diversos textos Lèvinas pone de manifiesto que abrirse al otro, a quien en realidad nos debemos y por quienes somos, es lo que nos hace humanos.  Para ello la inclusión de la educación ambiental en los programas de estudio universitarios es fundamental si se desea abordar los desafíos ambientales y sí, mejorar la economía, pero promoviendo la sostenibilidad.

Sin embargo, como ha expresado el presidente de REDIPE Julio César Arboleda, las finalidades y prácticas del mundo de hoy se basan fundamentalmente en la gestión de conocimiento utilitario, fortalecimiento de procesos cognoscitivos que sean operativos y actitudes que permitan desarrollarse en el complejo mundo en el que vivimos, un mundo gobernado por las leyes del mercado, de la oferta y la demanda, donde lo rentable permanece por encima de la persona, de la naturaleza e incluso de la vida.  Es decir, lejos de formar personas para la vida, en la educación actual predominan los proyectos de productividad y rentabilidad económicas, aún a costa del deterioro del planeta. 

La educación ambiental busca desarrollar competencias (conocimientos, habilidades, actitudes, valores y modos de actuación hacia el entorno) adaptadas a cada disciplina.  Para nuestro estimado hermano José Alberto Rosabal, «el objetivo es fortalecer la percepción sobre la importancia de la educación ambiental en el proceso de enseñanza-aprendizaje, formando individuos resilientes y proactivos con el medio que les rodea».  En la literatura especializada, se considera que el término “competencia” presenta una estructura interna con sus componentes cognitivo, metacognitivo y afectivo-relacional que responden a los diferentes tipos de conocimiento; explícito, implícito y causal.  Pero, el enfoque por competencias, modelo educativo del mundo globalizado, principalmente incentiva el desarrollo de ciudadanos competentes para las relaciones sociales de mercado, pero no preparados para una vida más humana y solidaria con el entorno.  La solidaridad y otros valores que supuestamente promueven es más utilitarista que ética.    

En la enseñanza convencional iberoamericana, generalmente lo que predomina es el trabajo sobre los objetivos y contenidos que deben ser impartidos, y en la aplicación de los saberes procedimentales, pero poco en el saber actitudinal.  Sin embargo, es precisamente en ese saber actitudinal donde radica el reconocimiento de su entorno y de la presencia del otro.  Es imprescindible que el estudiante no solamente entienda lo que reciba en el proceso de Enseñanza-aprendizaje, necesita comprender, necesita evaluar lo aprehendido en diferentes contextos y transformar en conocimientos propios la información recibida. 

Se necesita conectar al estudiante con la vida para que aprendan y piensen vivenciando, para que no solo comprendan, sino que también sientan esas comprensiones.  Para que puedan valerse de ellas de modo edificador, con sentido vivencial, que les permita ser, o saber ser; testimonio, obra de vida, honrar, cuidar, nutrir su propia vida, la de su entorno y la de los demás.  Nuestra América, como la llamó José Martí, es multicultural y puede ser enriquecedor si comprendemos esas diferencias, esa “Otredad”, como un complemento, como un camino a la comunicación y al aprendizaje.  Autores como Husserl, Sartre y Lèvinas, han desarrollado el concepto de que la presencia del otro no sólo es necesaria para la existencia y constitución del propio yo, sino, y, sobre todo, para la constitución de la intersubjetividad. 

Nuestras universidades tienen que potenciar la adquisición de conocimientos y procedimientos, pero simultáneamente deben ¡despertar en los jóvenes valores! que les permita percibir las utilidades de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación en la mejora de su calidad de vida, pero también sus consecuencias negativas si falta moral y ética en su desarrollo.  Al decir de Huxley, «la educación superior no garantiza una virtud superior o una sabiduría política superior». 

La investigación científica y la educación ambiental, deben ser componentes importantes del currículo universitario, se necesita capacidad y dominio de recursos instrumentales como parte de la formación profesional, pues una de las funciones de la Universidad ¡es crear conocimientos!  La Ciencia no permanece como básica indefinidamente, tarde o temprano, es convertida en ciencia aplicada y finalmente en tecnología y desarrollo económico.  Las teorías se modulan en práctica industrial y entonces el conocimiento se transforma en poder.  

El quehacer científico es un saber práctico, es en realidad un conjunto de saberes, estrategias y habilidades básicas.  Investigar es saber hacer algo: ¡producir conocimientos!  Nuestros profesionales deben esforzarse por crear, por producir los conocimientos científico-técnicos que necesita Ibero América y no solo adaptar los producidos en otras latitudes.  La creación de conocimientos científicos de alta calidad es la base del desarrollo social, industrial, económico, cultural y político de la actual Sociedad. 

En un Mundo globalizado y una Educación internacionalizada, quizás la mirada compasiva hacia el prójimo, la perspectiva compresivo-edificadora, e incluso, una Pedagogía crítica y de la “alteridad”, sea la que nos conserve como seres humanos, como ha expresado Graham Lee en su libro “Sigamos siendo humanos”.  Nuestros jóvenes deben estar formados en valores y como agentes de cambio sentipensantes, ¡capaces de aplicar todas sus fuerzas a mejorar la vida y a perfeccionar el Mundo en el que viven!




Comentarios

  1. Excelente artículo mi estimado Dr. Celso debemeos seguir trabajando desde la educación para la educación, las futuras generaciones lo agradeceran

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  2. Excelente escrito Dr. El rol de la educación, siempre lo veo desde la concepción martina, la educación como un proceso liberador que debe formar ciudadanos críticos, participativos y justos, siguiendo la visión martiana de trabajar con todos y para el bien de todos. La educación es el motor de transformación social, cultural y económica que fortalece la identidad y promueve la sostenibilidad ambiental. Es una de las perspectivas posible para construir pueblos más justos, resilientes y comprometidos con un desarrollo equitativo y sostenible.

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